9 de mayo de 2012

Carta a las tres de la mañana

Hola mamá:

Hace frío esta noche. Mucho frío.
O quizá soy yo la que esté fría, congelada, incapaz de entrar en calor.
Espero que no te hayas quedado dormida en el sofá otra vez, sabes que es mortal para tu espalda, y cuando no estoy en casa no te puedo convencer para que vayas a la cama.
El pequeñín llevará ya horas dormido, abrazado a la mantita y al osito... mi pequeñín...

Hace frío esta noche, mamá. Mucho frío.
Quisiera tenerte aquí. O estar ahí. No lo se.
Darme un baño largo y caliente y meterme en la cama mientras me secas el pelo como cuando era pequeña. Y que me cantes El Pozo de los Sueños como seguramente le has cantado al pequeñín hace un rato.

Han vuelto las pesadillas, mamá.
Otra vez están aquí. Atormentándome. Impidiéndome descansar.
Las odio.
Las cogería todas, las aplastaría y las haría cachitos para que no volvieran nunca más.
Quiero irme corriendo a tu cama como hace el pequeñín y acurrucarme a tu lado para que me protejas de todo esto que sigue haciéndome daño.

Tengo miedo, mamá.
Lo sigo teniendo.
Tengo miedo de mi misma, de mi memoria y mis recuerdos, de todo lo que me viene a la cabeza cuando me pongo a pensar. Miedo de seguir encerrada en mi misma y no hablar con nadie de esto jamás.
Porque sigue aquí, mamá. No se ha borrado. Ni se borrará nunca.
Él jamás saldrá de mi vida, de mis recuerdos, de mis pesadillas.

Hace frío esta noche, mamá. Mucho mucho frío.
Ven aquí, conmigo, arrópame y cántame una nana.
Y prométeme que las pesadillas se irán y no tendré miedo nunca más.


Te quiero.
Te quiero mucho.

16 de abril de 2012

Rose


Me llamo Rose.
Al menos, así es como me llamo esta noche.
Así es como mi contratante decidió que me llamara.
Me gusta Rose.
Es elegante, distinguido, con clase.
Todas esas cosas que no soy en absoluto.
¿Qué cual es mi auténtico nombre?
No lo recuerdo.
No acostumbro a poner nombres.
Las personas cambian demasiado a lo largo de la vida como para que sean siempre llamadas de la misma manera.

Este local es agradable, música suave en directo, hombres con traje, mujeres peinadas y entalladamente vestidas con ropas estrepitosamente caras.
Me gustan estos locales. Huelen a dinero.
Y a mí me encanta el dinero.
Por eso estoy aquí, esperando para comenzar a trabajar.
¿A qué me dedico?
Es muy sencillo.
Conquisto hombres.
Así de simple.
Mujeres ricas y despechadas, dolidas por un hombre que las ha dañado, buscan venganza.
Y yo se la doy.
Cortejo a esos hombres. Los seduzco. Los vuelvo locos. Los enamoro. Los cautivo. Los hago míos.
Y al final, me piden que me case con ellos.
Yo sonrío y les digo que sí, acepto sus anillos, sus joyas, sus vestidos, sus cenas.
Soy la perfecta prometida.
En los últimos tres meses me he prometido once veces.
Y el día antes de la ansiada boda –o incluso el día mismo alguna vez- se desvela un falso hecho de mi pasado que hace que al pobre hombre se le rompa el corazón.

Y de eso, señores míos, es de lo que se encarga mi jefe.
Me gusta llamarle Joe.
El día señalado, él aparece en escena. Saca trapos sucios de mí y nos vamos los dos con los regalos del hombre desencantado y los dólares de la señora despechada.
Me encanta Joe.
Tiene una nueva historia para cada hombre, y cada cual más retorcida y más perfecta. Sabe donde tiene que tocar para que me mande a freír espárragos.
A Joe le gusta llamarme Emily.
A mí no me disgusta.
Dice que le recuerdo a la eterna prometida nunca desposada, la novia cadáver de Tim Burton.
Quizá tenga razón y ese sea un buen nombre para mí.

En fin, tengo que dejaros.
Alex acaba de entrar y tengo que hacerlo mío.
No creo que sea difícil, no ha dejado de mirarme las tetas desde que ha entrado.
Bien, invirtamos el dinero de la pobre Regina.
Vamos pequeña Rose, camina hacia tu duodécimo compromiso.

30 de marzo de 2012

Teatro

Hoy es día de focos. Y público. Y aplausos.
Es día de maquillaje y peinado.
Es día de camerinos, de músicos afinando, de cambios de escena.
Es día de baile, de cante, de diálogo.

Hoy es día de caos, de escaleras, de telones, de cuatro cambios de vestuario.
Es día de afinar, de entrar a tiempo, de actuar, de improvisar, de no fallar.
Es día de aparentar, de actuar, de darlo todo y más, de meterse en otra piel.


Señoras y señores, hoy es día de Zarzuela


http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/zarzuela-con-solera-berciana_678562.html

Hoy a darlo todo y más en el Teatro Bérgidum con mi queridísima coral Solera Berciana y la Escuela de Música Ciudad de Ponferrada.
Vamos allá
(:

14 de marzo de 2012

Dieciocho de Enero de 1912


El capitán Scott, acompañado de Evans, Wilson, Bowers y Oates, alcanza el Polo Sur. El cansancio y el frío hacen mella en sus cuerpos. Sus dedos agrietados, sus labios cuarteados, sus pies comidos por el hielo. Exhaustos y sin aire pisan el que llaman el punto de latitud cero.
Scott no sonríe. Evans y Wilson callan. Bowers y Oates miran deprimidos al capitán.
Todos la ven.
Los cinco contemplan abatidos el ondear de la roja bandera noruega. Roja como la sangre que hierve en el interior de Scott al pensar que Amudsen se le ha adelantado. ¿Cuánto tiempo haría? ¿Una semana? ¿Un mes?
Oates suspira y carga con su mochila, con un gesto impulsa a Wilson a ponerse en pie, a comenzar el triste y largo regreso a casa, donde quizá algún día puedan recordar aquello sin sentirse tan decepcionados y humillados.

Son cinco. Cinco tristes ingleses con miedo a perderse en un desierto de hielo continúan su andadura, en fila de a uno, un pie tras otro. Un mes después, Evans camina el último, agotado, desvalido, horriblemente desolado. Y la muerte no tiene piedad. Se ríe de él demostrando su superioridad.
Las lágrimas se congelan en los rostros de sus compañeros, que, impotentes, dejan a su amigo bajo una tumba de hielo.
Oates no puede más. Sus pies han muerto y lo único que existe es hielo. Hielo que se ha adueñado de sus manos al arrastrarse, tratando en vano de encarar lo que se le viene encima. Pero nadie se atreve a dejarle atrás, Scott jamás se lo perdonaría. Ya ha pasado otro mes y la noche fría y sin luna se lleva con ella a Oates que no volverá a despertar jamás.
Scott no dice nada. Coge el diario de su compañero y se pone en pie. Wilson y Bowers le siguen, inamovibles, deseando volver a su querido Londres y así ensalzar la figura de sus compañeros perdidos. Los tres en silencio, arduo y duro silencio pensando en sus hijos, en sus mujeres, en una vuelta a casa que no llega nunca.

Y así, el treinta de marzo, el diario de Scott finaliza junto con él y sus compañeros. La muerte disfrazada de hielo termina con ellos.


Ya nunca volverán a abrazar a sus hijos, ni a besar a sus mujeres. No volverán a ver el sol ni a escuchar lo que de ellos se dirá.
Los cinco héroes ingleses caen inertes sobre el Fin del Mundo, esperando unas ayudas que jamás llegaron y unas palabras de aliento que nadie pudo decirles.


Acompaña al texto, Héroes de la Antártida, Mecano http://www.youtube.com/watch?v=QlG-9rl7H4w

23 de febrero de 2012

Baila una vez más

Bueno... hoy os dejo con otra faceta artística de aquí la señorita Anaíd, es una canción mía a ver que os parece.

A la voz: Una servidora, Anaíd
A la guitarra: Mi queridísimo idiota, Gabriel





Y avanza, arrastrando la Muerte en sus pies
jugando con ella a su merced
siendo la reina del hielo
mi adorada diosa del Edén

3 de febrero de 2012

Un Regalo para Jeremy


ATENCIÓN: Este texto no es apto para cardíacos ni personitas especialmente sensibles.

La puerta metálica se cerró tras él con un golpe seco y escuchó en la oscuridad como tres pestillos le encerraban en aquel lugar.
_Gracias por venir, Jeremy
_ ¿A qué estás jugando, Sophie?
_Tengo un regalo para ti.
Sophie se dio la vuelta mientras los fluorescentes parpadeantes se encendían. Llevaba una bata blanca llena de manchas, la melena oscura que tiempo atrás había brillado con luz propia trataba inútilmente de permanecer recogida en un moño del que se escapaban varios mechones los cuales caían sobre unos ojos color chocolate inyectados en sangre.
Se acercó más a él y le ofreció la copa de Bourbon que tenía entre las manos y por la cual resbalaban pequeñas gotas de sangre.
Jeremy la rechazó y ella se la bebió de golpe.
Sin preguntar, le cogió la mano y lo arrastró por el almacén entre tubos de ensayo, camillas metálicas y toda clase de cuchillos hasta llegar a los pies de una cama que estaba completamente a oscuras.
_Ahí la tienes, Jeremy. Toda para ti.
Una luz cegadoramente blanca iluminó la cama y a Jéremy se le detuvo el corazón mientras notaba las arcadas que subían por su garganta.
_Es perfecta, ¿no crees? Tal y como a ti te gusta.
_Sophie..._ susurró a duras penas con sabor a vómito en la boca.
_Fíjate bien, Jeremy, mírala muy despacio. ¿Ves esas piernas? Son las de Maddi, la chica a la que tanto mirabas en atletismo. El torso y los pechos son lo de tu adorada Miranda, la barbie animadora. Los brazos son los de Odette, la bailarina de tus vídeos. ¡Ah! Y también los pies. Las manos son de Judy, la pianista del grupo de mi hermano, ¿te acuerdas? y la cabeza y el pelo son de María, la modelo de la revista de tu padre. Los labios... me han dado trabajo, no creas, no ha sido nada fácil encontrar a Charlotte. Se que te gustaba más su voz que sus labios así que...
De uno de los bolsillos de la bata sacó una pequeña grabadora que activó con rapidez.
"Canta para mí Charlotte" "Por favor Sophie, basta" "¡Canta! ¡He dicho que cantes!"
La melodiosa voz de Charlotte seguía siendo hermosa a pesar del miedo y de la manera que tenía de llorar.
La canción de Charlotte seguía sonando cuando Sophie volvió a hablar.
_... la nariz es de la pequeña Eli, según tú, la mejor proporcionada y las orejas son las de Daniela, esas las he elegido por ti. Con los ojos... me costó decidir que hacer, te gustaban los aguamarina de Diana pero también los verde acero de Beli. Así que le he puesto uno de cada.
> ¿Verdad que es hermosa?
Sobre la cama, en unas sábanas teñidas de rojo con olor a descomposición, descansaba un cuerpo cubierto de sangre. Grapas, costuras, imperdibles y alfileres mantenían unida aquella macabra muñeca de carne y hueso.
Los ojos, uno verde y otro azul, estaban abiertos de par en par, incrustados en unas sangrantes cuencas oculares cuyo resultado era una mirada de auténtico pánico y horror.
Los labios estaban raídos, agrietados, delicadamente cosidos a la piel morena del rostro, tensada por tanta costura.
Asqueado y aterrorizado, Jeremy trató de alejarse de la cama, pero Sophie se lo impidió sacando un revolver de la bata y apuntando a su cabeza.
_ ¿Esta es la forma que tienes de agradecer un regalo?
_Estás... estás loca, completamente loca.
_Eso ya lo se.
_Eres un monstruo, Sophie. ¡Has matado a diez chicas! ¡¿Cómo has podido?!
_Mientes. Sólo han muerto cinco.
_Eso es aún más cruel.
_¡¡Era necesario!! ¡Tenía que hacerlo para crearla a ella!
_Voy a llamar a la policía, Sophie. Estás para encerrar.
_¡Eres un maldito desagradecido! ¡Hago todo esto por ti y no eres capaz de darme las gracias! ¡Cómo en el instituto! ¡Yo hacía todo por ti y tu nunca me lo agradecías! Pero ahora lo harás... ahora me agradecerás todo lo que he hecho y sigo haciendo por ti...
Jeremy trató de alejarse de la cama, pero Sophie, hirviendo de ira, le asestó un golpe con la culata del revolver y lo hizo caer sobre la cama, al lado del cuerpo.
El labio le empezó a sangrar y Sophie se acercó para retirarla con los dedos.
Con el revolver en la otra mano le apuntó de nuevo a la cabeza mientras se desabrochaba la bata y se sentaba en una vieja silla de mimbre.
Estaba completamente desnuda. Su cuerpo extremadamente blanco estaba cubierto por varias cicatrices, todas ellas resultado de haberse grabado la misma palabra con cuchillas varias veces.
JEREMY.
_Bésala
_ ¿Qué?
_Es tu chica_ sonrió_ Bésala.
_No.
Un disparo sonó en el aire y Jeremey vomitó al fin a los pies de la cama.
_Hazlo. O te mataré.
_Estas completamente chiflada.
Sophie cargó el revolver y apuntó de nuevo
_Hazlo.
Entre arcadas y lágrimas de terror, Jeremy se inclinó sobre el cuerpo macabro que reposaba a su lado.
Y mientras tanto, Sophie le observaba llevando su manao manchada de sangre a su entrepierna y se empezaba a masturbar.


---> Si queréis "disfrutar" de un poco más de sadismo made in @AndreaAnaid no dudéis en pasaros por aquí y decirme qué os parece